Tics nerviosos, pueden ser simples, crónicos y peligrosos

Publicado en junio 22, 2008. Archivado en: Salud, Dinero y Amor |

Son movimientos musculares persistentes,  generalmente pasajeros como guiñar los ojos y parpadear aunque existen los de carácter crónico y convulso del hombro o de la cabeza, así como los que pueden ser síntomas de enfermedades neurológicas.

Los tics nerviosos pueden diferenciarse de los movimientos musculares que tienen una causa orgánica, conocidos como espasmos, corea y temblores, porque al contrario de las condiciones de origen orgánico.

Además pueden reproducirse voluntariamente, están sometidos al control voluntario y las distracciones, o una atención especial, pueden modificarlos. Además, la atrofia muscular no está presente, y el tic nervioso no es doloroso.

Pero hay también otras consideraciones médicas por lo que un  examen neurológico a fondo es siempre necesario para determinar si un tic tiene una causa orgánica.

Si se descubre que uno de estos movimientos es de origen orgánico, entonces se requiere tratamiento médico, y no debe emplearse el método para los tics nerviosos.

Lamentablemente  la frecuencia de los tics nerviosos no se encuentra bien documentada mediante los datos proporcionados por encuestas sistemáticas. Una aproximación conservadora establecería que afectan aproximadamente al 1% de la población, basándose en el número de solicitudes de información.

Diferentes clases

El primer tipo es de naturaleza preventiva como el caso de una persona con un tic que le hace mover bruscamente la cabeza puede entrelazar los dedos detrás de la cabeza o apoyarse contra la pared como si quisiera evitar el movimiento brusco de aquélla.

De modo similar la persona con un movimiento convulso del brazo o el hombro puede presionar el brazo o el hombro contra una pared o el brazo de un sillón para evitar la acción brusca.

El segundo tipo tiene una finalidad de ocultación. Por ejemplo, la persona que tiene un movimiento brusco de la cabeza a la izquierda, suele orientar el cuerpo de manera que pueda conversar con otra persona mientras mantiene la cabeza sobre el hombro izquierdo.

En esta postura un movimiento lateral de la cabeza se ve menos que en la postura normal, con la cabeza y el cuerpo frente al interlocutor.

Otro tipo de movimiento de ocultación es la acción complementaria, que tiene lugar después de un tic y cuya misión consiste en hacer creer al observador que la acción del tic ha sido intencionada y normal.

Por ejemplo, una persona puede mirar a través de una ventana o contemplar un objeto tras haber movido bruscamente la cabeza, como si lo hubiera hecho para tener una perspectiva mejor, o puede rascarse la cabeza pensativamente como si el movimiento brusco de la cabeza hubiera sido premeditado, una indicación de perplejidad, o quizá coja un objeto tras un movimiento convulso de una mano o un hombro, como si ese movimiento formara parte de la acción de estirar el brazo para coger el objeto.

Muchos de estos hábitos secundarios son tan poco atractivos como el mismo hábito y, por lo tanto, forman parte del mismo problema.

Los tics primarios.

Constituyen un hábito nervioso puede parecer una actividad discreta aislada de otras acciones, pero, en realidad casi nunca se presenta solo, sino que se entrelaza con otras acciones  por lo que puede convertirse en una  secuencia regular.

El hábito nervioso va precedido a menudo por una serie de movimientos  secundarios por lo que deben ser tratados simultáneamente.

El primer paso con los movimientos asociados al hábito es ser conscientes de ellos, saber qué son para poder darse cuenta cuando uno los realiza y detenerse a tiempo.

La mayoría de la gente se queda asombrada al ver con qué frecuencia ha caído en esos movimientos asociados con el hábito una vez se han dado cuenta de en qué consisten esos movimientos y han sido conscientes de ellos cada vez que se han producido.

Anotar los progresos

Consiste en hacer un registro donde se anotará el número de veces que se ha caído en el hábito para ser consciente de cada vez que se produzca para lograr controlarlo.

Sin el registro es fácil olvidar la frecuencia anterior del hábito y podría causar desaliento innecesario  por la recurrencia ocasional mucho después de que se considere el hábito bajo control.

Si el tic nervioso es una actividad casi continua, en lugar de una serie de episodios aislados, apuntar el porcentaje del tiempo que has estado practicando el hábito en lugar del número de veces por día, es más conveniente. En tal caso, el registro podría indicar, por ejemplo, que agitas la cabeza un 90% del tiempo en un día determinado.

También cuando el tic nervioso se haga en ocasiones muy determinadas, será también preferible usar porcentajes.

Examen de inconvenientes

Este procedimiento sirve para ayudarte a darte cuenta de las muchas maneras diferentes de que el hábito nervioso te causa molestias. Una relación de algunos de los tipos más frecuentes de molestias causadas por los hábitos nerviosos facilita la adquisición de una mayor conciencia de los mismos.

Entre los inconvenientes podemos citar los momentos de azoramiento social extremo, la necesidad de evitar a ciertas personas o determinadas actividades y trabajos, una obsesión por el autodominio del hábito, los comentarios de los demás y las sensaciones de enojo por tu impotencia.

Si después del examen de los inconvenientes te das cuenta de que tu hábito apenas te crea problemas, es muy posible que decidas no eliminarlo. Pero si te ha ido causando cada vez más y más problemas, ayudará a evaluar con claridad la verdadera extensión de estos problemas y te ayudará a perseverar en su resolución de llevar a cabo los procedimientos de corrección.

Tomar conciencia

Con frecuencia, uno de los motivos de que un hábito arraigue es el hecho de que pase desapercibido a la persona que lo tiene por lo que una parte esencial del tratamiento es conseguir que se sea consciente del hábito. Para lograrlo se siguen varios métodos:

Mírate en un espejo mientras realizas deliberadamente el hábito, de modo que puedes ver tus movimientos desde un punto de vista distinto, el de los demás.

Realiza el movimiento lentamente, poniendo así de manifiesto cómo ese gesto breve que parece un solo movimiento a menudo resulta ser más complejo. Es conveniente que mientras llevas a cabo el hábito, describas en voz alta cada parte del movimiento.

Concéntrate en el movimiento del hábito, de modo que puedas interrumpirlo de inmediato cuando te sorprendas realizando el movimiento.

De esa manera se observará  que se practica el hábito con mucha más frecuencia de lo supuesto, pero
al haber adquirido esta conciencia aumentada, existen las  condiciones de prever cada movimiento del hábito y reaccionar debidamente para eliminarlo.

Relajación

Se debe reducir el nerviosismo para disminuir el  impulso de realizar el hábito. Hay varias acciones sencillas de relajación para llegar a ese objetivo.  

En vez de respirar  rápidamente aspirando poco aire, se debe hacerlo profunda y lentamente, de la misma manera relajada que se adopta durante el sueño.

Aspire honda, lenta y regularmente, y luego espire con lentitud. En cuanto haya terminado de inhalar, empiece a exhalar, procurando no detenerse en el punto máximo del ciclo respiratorio.

No respire demasiado hondo, pues esto le haría detenerse momentáneamente después de inhalar y ocasionaría tensión en el pecho y en el estómago. El tiempo que dedique a inhalar debe ser el mismo de la exhalación. Cuente mentalmente para saber más o menos si las dos duraciones son iguales.

Además, adopte una postura relajada dejando que los hombros caigan un poco hacia delante en vez de mantenerte erguido.

Practique este procedimiento de autorrelajación cada vez que te sientas nervioso e incidas en el hábito.

Reacción de competencia  

Es una acción opuesta al hábito pero que no obstaculiza otras actividades, no llama la atención ajena y refuerza en quien la practica la conciencia de que el hábito no se produce.

Cada vez que se dé  cuenta de que practica el hábito, proceda de inmediato a la reacción de competencia, interrumpiendo así el hábito. Hágalo tan pronto como tenga conciencia de lo que hace, tanto si es al comienzo como si ya lleva varios segundos realizándolo.

Examine las acciones preliminares que identificaste como asociadas con tu hábito y úsalas como una señal para iniciar la reacción de competencia cada vez que te encuentres en tales situaciones.

Si observa que tienes un fuerte impulso de incurrir en el hábito en cualquier otra situación, empiece a efectuar la reacción de competencia de inmediato, aunque el impulso no soliera darse anteriormente en esa situación.

Mirarse al espejo es un método conveniente para aprender a realizar la reacción de competencia sin llamar la atención de nadie.

La reacción de competencia debe realizarse durante tres minutos, tiem`p en que el impulso de incurrir en el hábito desaparece, pero si no fuera así, prosiga hasta que haya desaparecido.

La reacción de competencia para un tic específico consiste en una dura tensión de los músculos contrarios a ese tic. Esa tensión intensa se conoce con el nombre de contracción "isotérmica", el cual significa que tensa un músculo pero sin producir movimiento de la parte del cuerpo controlada por dicho músculo.

Semejante contracción isotérmica de los músculos consigue fortalecerlos en gran manera si durante un período de días y semanas los ejercicios se realizan varias veces cada día.

A medida que los músculos opuestos se fortalecen, pueden inhibir el movimiento del tic más fácilmente y con un esfuerzo menos consciente, hasta que finalmente estén tan desarrollados que puede producirse la inhibición del tic naturalmente y con un esfuerzo escaso o inconsciente.

¿Sabías que…?

La reacción de competencia para el gesto brusco de echar la cabeza hacia atrás consiste en contraer los músculos del cuello que normalmente hacen que la cabeza se mueva hacia abajo, los flexores del cuello.

Estos músculos pueden identificarse permitiendo que la cabeza se mueva hacia atrás y luego, lentamente y con una fuerte tensión muscular, moviendo la cabeza hacia adelante hasta una posición vertical, Mientras mantiene la cabeza en esta posición con los músculos isométricametne tensados, debes tener la sensación de que te empujan la cabeza hacia el cuerpo, el cuello ha de sobresalir ligeramente y parecer más corto, y el mentón ha de estar retraído. Hay que practicar siempre esta contracción isométrica con la cabeza hacia adelante.

Otro de los ejercicios consiste en girar la cabeza en la dirección opuesta a la del tic, de modo que mire por encima del hombro. Con la cabeza en esa posición, debes presionar contra la mano durante algunos segundos y a continuación relajarte. Repetir la secuencia de ejercicio y relajación durante cinco minutos.

Un segundo ejercicio consiste en practicar la rotación de la cabeza mientras realizas los ejercicios de relajación. Gradualmente podrás mover la cabeza en un círculo mayor y más completo sin demasiado esfuerzo. Cuando los músculos estén lo bastantes fuertes, el ejercicio de sujeción de la cabeza con la mano puede abandonarse, sustituyéndolo por la tensión isométrica de los músculos del cuello.

Para el movimiento brusco del hombro se utiliza  la contracción isométrica de los músculos del hombro que normalmente mueve los hombros hacia abajo. Para ayudar a la identificación de estos músculos, primero levanta los hombros en un movimiento exagerado, y a continuación baja los hombros lo máximo posible, ejerciendo una tensión isométrica continua durante tres minutos.

Simultaneamente, mantén los dos brazos cerca del cuerpo, presionando éste con los codos, sobre todo si el aleteo de los brazos forma parte del tic.

El tic más común es el "desorden de tic transitorio", que puede afectar hasta un 10 por ciento de los niños en los primeros años de la escuela. Los maestros y otros le notan el tic y piensan que debe de sufrir de estrés o estar "nervioso." Los tics transitorios se van por sí solos.

Algunos tics no se van nunca. A los tics que duran por más de un año se les llama "tics crónicos". Los tics crónicos afectan menos de uno por ciento de los niños y pueden estar relacionados con un tic especial y poco frecuente llamado el "desorden de Tourette."

Los niños con el desorden de Tourette tienen tics corporales y vocales. Algunos desaparecen después de la adolescencia y otros continúan. Los niños con el desorden de Tourette pueden tener problemas de concentración y con la atención. Pueden actuar con impulsividad, o pueden desarrollar obsesiones y compulsiones.

 

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