Jesús nació entre los más pobres de la tierra

Posted on diciembre 8, 2008. Filed under: Salud, Dinero y Amor |

Pastores fueron los elegidos para recibir el anuncio del ángel y adorarlo en un humilde pesebre para animales

El pueblo judío esperaba desde siglos antes al Mesías, la casta sacerdotal se había encaramado en el poder predicando las profecías de su nacimiento y las familias ricas hubieran dado fortunas para recibir al redentor que habría de cambiar la historia de la humanidad.

Jesús no llegó al mundo en un palacio y ni siquiera en una modesta cuna, sino a un establo para animales, en un escenario tan diferente a los lujosos “Nacimientos” que se levantan ahora con imágenes cubiertas de oro y plata en los hogares pudientes, mientras se deja de lado a los pobres que fueron elegidos hace dos mil años para recibirlo.

¿Quiénes eran los pastores?

 

Eran hombres humildes que guardaban sus ganados de ladrones y animales de rapiña.

No eran de Belén por cuanto se dedicaban al pastoreo estacional , lo que les obligaba a  trasladar sus animales desde las zonas de pastos de invierno a las de verano y viceversa.

Los campesinos del pueblo volvían su ganado en la noche a sus establos, mientras los trashumantes permanecían allí hasta las primeras lluvias, que suelen registrarse desde  mediados de noviembre.

Estos pastores tampoco gozaban de buena fama, pues se los tenía por “ladrones”.

Un fariseo temería comprarles lana o leche por temor a que proviniesen del robo.

Al no ser del lugar y, por la necesidad de cuidar a sus animales, se alimentaban y dormían en el campo, sin otro techo que el firmamento.

En esa época eran, pues, los pobres más pobres de la tierra.

Los elegidos

 

De acuerdo al Nuevo Testamento, estos pastores no llegaron al pesebre donde nació Jesús por un acto casual o circunstancial. Fueron escogidos para recibir el mensaje de los ángeles porque  precisamente simbolizaban a los pobres, los desposeídos y los explotados.

Al rodearles un resplandor de luz brillante , se sorprendieron y se asustaron mucho. Pero el ángel les dijo, “No tengan miedo.  Yo les traigo muy buenas noticias que serán para toda la gente.  Hoy mismo en la ciudad de David ha nacido el Salvador, ¡Cristo el Señor!  Encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”

De repente aparecieron otros muchísimos ángeles, y todos ellos cantaban alabanzas a Dios y decían,  “¡Gloria a Dios en las alturas! y en la tierra, ¡paz para con los hombres!”

Los pastores fueron rápidamente al lugar les había indicado el Ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.

Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

El establo de Papini

 

El genial escritor florentino, Giovanni Papini (1881-1956),inicialmente escéptico y después fervoroso religioso , escribió en “La Historia de Cristo”, uno de los pasajes más conmovedores sobre este suceso.

A continuación reproducimos párrafos de esa obra:

Jesús nació en un establo. Un establo, un verdadero establo, no es el alegre y ligero pórtico que los pintores cristianos han edificado para el hijo de David, avergonzados, casi, de que su Dios hubiera sido acostado en la miseria y en la suciedad.

No es tampoco el nacimiento [pesebre] de yeso que la fantasía confitera de los figureros ha imaginado en los tiempos modernos; ni el portal limpio y delicado, gracioso por sus colores, con su pesebre aseado y adornado, el borrico extático, el buey compungido, los ángeles tendiendo sobre el lecho su aleteante festón, los pajes de los reyes con los mantos y pastores con capuchones, arrodillados a ambos lados del lecho.

Este podría ser el sueño de los novicios, el lujo de los párrocos, el juguete de los niños, el ‘vaticinado albergue’ de Manzoni, pero no es, no, el Establo donde nació Jesús.

Un establo, un Establo de veras, es la casa de las bestias que trabajan para el hombre. El antiguo, el pobre establo de los pueblos antiguos, de los pueblos pobres del pueblo de Jesús, no es el pórtico con pilares y capiteles, ni la caballeriza científica de los ricos de hoy o la cabañita elegante de las noches de Navidad.

El establo no es más que cuatro paredes toscas, un piso sucio, un techo de tirantes y de tejas. El verdadero Establo es oscuro, sucio hediondo: lo único que hay limpio en él es el pesebre, donde el dueño prepara el pienso para las bestias.

El nacimiento

Los párrafos de Papini que siguen, son aún más duros :

"Una noche, sobre esa pocilga pasajera que es la tierra… apareció Jesús, parido por una Virgen sin mancha, armado sólo de inocencia.

Los primeros en adorarlo fueron los animales y no los hombres. Buscaba Él entre los hombres a los simples, y entre los simples a los niños; más simples aún que los niños, más mansos, lo acogieron los animales domésticos.

El asno y el buey, aunque humildes, aunque siervos de otros seres más débiles y feroces que ellos, habían visto a las muchedumbres / postradas de hinojos ante ellos.

(Se refiere Papini a la idolatría de Israel, que adoró al becerro de oro, a la idolatría de griegos, persas y romanos, que se inclinaron con reverencia antes los bueyes y los asnos)

Los pastores

 

Los pastores antiguos eran pobres y no despreciaban a los pobres; eran simples como niños / y gozaban contemplando a los niños… Pastores habían sido sus primeros reyes, Saúl y David ; pastores de rebaños antes de ser pastores de tribus… Había nacido entre ellos un pobre / y ellos lo contemplaban con amor, y con amor le ofrendaban aquellas pobres riquezas…

Y apenas distinguieron en la penumbra del establo a una mujer joven y hermosa / que contemplaba en silencio a su hijito, y vieron al n
iño con los ojos recién abiertos, sus carnes sonrosadas y finas, su boca que aún no sabía lo que era comer, se estremeció su corazón.

Los bueyes

 

Los prados de primavera, frescos en las mañanas serenas, mecidos por el aura, asoleados, húmedos, olorosos, fueron segados; cortadas con el hierro las verdes hierbas y las altas y finas hojas, tronchadas en montón las hermosas flores abiertas: blancas, rojas, amarillas, celestes. Todo se marchitó, todo se secó, todo se coloreó con el color pálido y único del heno. Los bueyes arrastraron hacia la casa los despojos muertos de mayo y de junio.

Ahora esas hierbas y esas flores, esas hierbas secas y esas flores siempre perfumadas están allí, en el pesebre, para satisfacer el hambre de los Esclavos del Hombre. Los animales las atrapan lentamente con sus grandes labios negros y más tarde el prado florido vuelve a la luz sobre los residuos de paja que sirven de cama, convertidos en húmedo abono.

Este es el verdadero Establo donde Jesús fue dado a luz. El lugar más sucio del mundo fue la primera habitación del único Puro entre los nacidos de mujer. El Hijo del Hombre que había de ser devorado por las bestias que se llaman hombres, tuvo por primera cuna el pesebre donde los brutos rumian las flores milagrosas de primavera”.

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