Los poderes de la mente para curar

Posted on febrero 27, 2009. Filed under: Salud, Dinero y Amor |

La estrecha relación entre el cerebro y el sistema inmunitario, así como l entre los estados de angustia y tensión con las llamadas enfermedades psicosomáticas, confirman la existencia de los inexplorados poderes de la mente para curar…o enfermar.

Ello ha dado lugar a un nuevo campo de investigación, denominado
 psiconeuroinnunología, PNI, y el estudio de numerosos casos de pacientes con enfermedades graves, incluso terminales, que superaron sus males contra pronóstico, en lo que se considera un “milagro”, para los beneficiados, y un caso circunstancial para los escépticos.

Los poderes misteriosos de la mente se han puesto de manifiesto con los placebos, pastillas sin contenido medicinal, que se brinda a pacientes en investigaciones científicas, como si fuesen drogas de alto poder curativo en fase de experimentación.

En innumerables experimentos científicos se suministró fármacos curativos en diez pacientes, a otro grupo de igual número se les dio placebos como si fuesen medicinas y  un tercer sector  no recibió nada.  

Los resultados fueron sorprendentes. Casi todos los pacientes que  recibieron medicamentos experimentaron mejoría, de los que recibieron placebos más la mitad obtuvo inexlicablemente  remisión de su mal mientras que en el tercer grupo no se registró ningún avance positivo.

Al recibir  placebos muchos pacientes con males terminales o hipocondríacos dejan de sentir dolores y superan sus estados depresivos, por  lo que se acepta el hecho de que la mente puede curar algunas afecciones leves o contribuir a la terapia médica.

El ejemplo más claro son las noticias imprevistas. Si le comunican que se ha sacado el premio mayor de la lotería, el organismo se llena de adrenalina, el júbilo desborda y es capaz de realizar esfuerzos físicos sorprendentes. En caso contrario, una noticia infausta, como el abandono del ser amado, puede hundirlo en la depresión, el organismo pierde el apetito y se dan hasta casos de suicidios.

En ninguno de los casos se aplicaron fármacos. Todo quedo reducido a la evaluación mental ante lo inesperado.

Tormentas eléctricas

De acuerdo a Oakley Ray, profesor de Psiquiatría y Psicología de la Universidad Vanderbitt , Estados Unidos, lo que se conoce como mente es el resultado del funcionamiento del cerebro: los pensamientos, las creencias, las ideas, las esperanzas, y aun las emociones y sentimientos, resultan de actividades eléctricas y químicas que tienen lugar en las células nerviosas
del cerebro.

De esta manera la mente, y por consiguiente sus actividades cerebrales. Constituye la primera línea del organismo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte, y a favor de la salud y el bienestar.

Es decir, todo lo que pensamos y creemos tiene efectos positivos o negativos en  nuestra salud debido a las interacciones mente- cerebro- cuerpo a nivel molecular y celular ( neurotransmisores , hormonas, citoquinas) que pueden impactar sobre la salud y la calidad de vida de los individuos.

Curaciones milagrosas

Esa es la razón de las “virtudes” que se atribuyen a los “chamanes” y “curanderos” con  pacientes que creen en ellos ciegamente, aparte de que se aplican hierbas medicinales, pero que, lamentablemente, en muchos casos los convierten en pasibles de los engaños de ciertos “charlatanes”.

Sigue siendo una interrogante sin resolver las “curaciones milagrosas” que los religiosos atribuyen al poder divino mientras que los científicos escépticos prefieren señalar que la fe es un factor de autosugestión y funcionaría como una especie de placebo, en una respuesta que deja más dudas. Lo cierto es que este campo sigue lleno de misterios y especulaciones de todo tipo.

En el siglo V antes de Cristo, Hipócrates, considerado el  padre de la medicina moderna occidental, decía que es más importante conocer al paciente que tiene una enfermedad que conocer la enfermedad que tiene el paciente al que debe considerarse un individuo único e irrepetible.

Otro grande de la medicina, Galeno de Pérgamo, observó hace más de 1800 años que la mayoría de las personas que lo consultaban no tenían ningún mal físico. Eran los hipocondríacos que aparecían conforme se cimentaba la civilización.

En estudios reciente realizado en la Academia Americana de Medicina (1991) se analizaron mil consultas a médicos clínicos y se informó que sólo un 16 % de esas personas tenía algún problema físico objetivable.

Desolación

La experiencia demuestra que un alto porcentaje no va al médico sólo porque le duele algo. Quieren que les presten atención, que los escuchen y los comprendan en algún sufrimiento que pocas veces tiene que ver con algo objetivo del cuerpo y mucho con su situación ante la enfermedad o la posibilidad de morir.

Cuatro siglos antes de Cristo el cronista griego Tucídides observaba que la cosa más terrible es la desolación en la que cae la gente cuando se da cuenta que contrajo una enfermedad ya que en esas circunstancias adopta una actitud desesperada y pierde el poder de resistencia.

Es una clara referencia a la diferente posibilidad de lucha contra la enfermedad entre el optimista que seguramente vivirá más, y el pesimista que verá apurado el proceso de su muerte.

Lo que  creemos y lo que sentimos influye fuertemente sobre nuestro estado corporal como para aumentar o disminuir nuestros recursos biológicos defensivos y con ellos nuestras posibilidades de salud o de muerte.

Estudios realizados durante la última década demostraron estadísticamente que cuanto mayor es la educación e instrucción alcanzada por el paciente, menor es su índice de mortalidad. Incluso la existencia de creencias religiosas ha significado importantes reducciones en porcentajes de complicaciones o muertes en pacientes sometidos a cirugías cardiovasculares.

Esto prueba una vez más el poder de la mente: las creencias, los efectos producidos por la idea de que Dios me ama, el sostén de los vínculos (amistad-familia) son todas fuerzas poderosas en el momento de luchar contra la enfermedad porque aumentan la seguridad y la autoestima.

La felicidad

La psiquiatra Janice Kiedcolt- Glaser, y el inmunólogo Ronald Glasear, de la Universidad, estudiaron a dos grupos, de 39 mujeres cada  uno. Las pruebas demostraron  que las casadas tenían sistemas inmunitarios fuertes, lo que era mayor en las que se consideraban  felices. En el caso de los varones, el resultado fue similar.

Los estudios realizados a 2,754 personas en Tecumseh, Michigan, por el sociólogo James House, demuestran que las relaciones interpersonales contribuyen a la buena salud y longevidad, aparte de los factores genéticos, mientras que los resultados fueron adversos en los que no hacían vida social.

En investigaciones realizadas con estudiantes de medicina sometidos al consabido estrés durante sus períodos de exámenes, se estudió su
sistema defensivo inmunitario y se concluyó que durante ese período este sistema se deprime y consecuentemente sube la posibilidad de contraer infecciones.

Confiar nuestras penas

La pruebas realizadas por el psicólogo James Pennebaker, de la Universidad Metodista del Sur, en Dallas, Texas, establecieron que los estudiantes que, en las sesiones experimentales, confiaron sus traumas estaban más felices y sanos en  los seis meses después del estudio.

Los análisis de sangre revelaron una importante mejoría en el funcionamiento del sistema inmunitario, que persistió en el lapso de seis semanas. Al respecto, Pennebaker indicó que confiar a alguien nuestras penas puede aportar perdurables beneficios no solo psíquicos sino físicos.

Los pesimistas parecen volverse pasibles ante la enfermedad, aparte de no cuidarse y disminuir peligrosamente sus defensas. El tema sin embargo no es tan simple y ha llenado de volúmenes médicos.

 
 
 
 

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