Desentrañando el poder curativo de la mente (II)

Posted on febrero 28, 2009. Filed under: Salud, Dinero y Amor |

En una intrincada red de comunicaciones a nivel molecular, el cerebro envía mensajes y órdenes al sistema inmunitario para que tanto los glóbulos blancos o leucocitos, así como otros mecanismos de defensa, actúen para contrarrestar las invasiones de virus y bacterias,  con resultados sorprendentes en los casos de enfermedades terminales como el cáncer.

Lo que se consideraba ciencia ficción hasta hace pocos años hoy constituye una verdadera caja de Pandora sobre las virtudes curativas de la mente y los mecanismos de defensa de nuestro organismo lo que, dicho sea de paso, ha revolucionado la medicina convencional, homeopática y naturista.

Estos “milagros” curativos de la mente, cada vez más frecuentes, tienen en parte una explicación científica pero aún falta un largo camino por recorrer en este vasto e inexplorado escenario donde convergen desde la genética hasta la religión y las vertientes esotéricas.

Después de una exhaustiva investigación,  en 1987 los expertos de los Institutos Nacionales de Salud Mental de Estados Unidos, Candace Perto y Michael Ruff, confirmaron que las células inmunitarias que ayudan  a cicatrizar heridas, reparar tejidos y devorar bacterias, son sensibles a ujna sustancias que elabora el cerebro: los neuropéptidos.

La principal interrogante era el elevado costo energético de mantener un sistema que funciona constantemente, y poseer tan amplia flexibilidad conductual. La primera respuesta se ubicó en las numerosas  neuronas y circuitos, tanto ligados al aparato somático (el de la musculatura “consciente” insertada en los huesos) como al neurovegetativo (“inconsciente o autónomo”).

Además se debía tener en cuenta que cada uno de estos sistemas funciona por partida doble: tienen una división aferente o sensorial (recibe información) y otra eferente o motora (emite información).

Los mensajes

Cuando el cerebro necesita transmitir un mensaje (estimulación) para que algún tejido distante lo reciba,  lo hace por vía sanguínea emitiendo las hormonas, término griego que dicho sea de paso  significa mensajero. La estructura química es reconocida por receptores específicos en la membrana celular del órgano “blanco” y ejerce su efecto modulador.

Este efecto es lento aunque persistente pero en caso de emergencia se acelera la respuesta  al  activarse la médula suprarrenal.  La adrenalina o nor-adrenalina es  rápidamente liberada en gran cantidad a la sangre para producir una defensa casi instantánea.

En este caso se utiliza el veloz sistema nervioso, que tiene la responsabilidad de activar instantáneamente a la suprarrenal.

Sus contactos “internos” (neurona a neurona) o “externos” (neurona a músculo o glándula) se llaman sinapsis. La sustancia que activa el proceso recibe el nombre de neurotransmisor. Al desarrollar las funciones del neurovegetativo se activan  la  acetilcolina, adrenalina y noradrenalina, pero existen cerca de treinta ya identificados, y probablemente haya más.

Poseen una característica sumamente importante desde el punto de vista funcional: todos actúan excitando o inhibiendo la sinapsis sobre la que actúan, lo cual resulta trascendente a la hora de hacer un balance funcional, ya que ésa es una forma de economía orgánica que resalta o disminuye la situación presente de todas y cada una de las funciones que el organismo es capaz de realizar.

Transmisores

Los transmisores cuya distribución es mejor conocida son las monoaminas norepinefrina, dopamina y serotonina. Muchas de las células del cerebro que contienen norepinefrina se concentran en un pequeño número de neuronas denominado locus coeruleus. Lo interesante es que los axones de estas neuronas alcanzan el hipotálamo, el cerebelo y el cerebro anterior y su función está ligada al mantenimiento del estado de vigilia, al mecanismo cerebral de la recompensa, al reposo nocturno con sueño y a la regulación del humor.

En cambio, las neuronas que contienen dopamina se concentran en dos sitios del cerebro medio, conocidas como sustantia nigra y tegmentum ventral. Muchas de las neuronas que contienen dopamina proyectan sus axones hacia el encéfalo anterior, donde se cree que desempeñan un papel en la regulación de las respuestas emotivas. Se está hablando de nuestro conocido lóbulo frontal y su importante conexión con el sistema límbico.

Otras fibras que contienen dopamina terminan en el cuerpo estriado, que desempeña  un papel esencial en el control de los movimientos complejos, y cuyo fallo produce la rigidez y el temblor muscular característicos del Parkinson.

La serotonina se concentra en un grupo de neuronas situado en la región del tallo cerebral, cuyas neuronas proyectan sobre el hipotálamo, el tálamo y muchas otras regiones cerebrales. Se cree que  está implicada en la regulación de la temperatura,  percepción sensorial y en la iniciación del reposo nocturno.

De otro lado el transmisor inhibidor habitual del cerebro es el ácido gamma-amino-butírico (GABA), un aminoácido que no se incorpora a las proteínas. Resulta muy interesante la observación de que el ácido glutámico es candidato a transmisor excitador en el cerebro, mientras que el GABA, que sólo difiere del anterior por un grupo químico, es un transmisor inhibidor.

Pero éste es un sistema muy flexible: la característica excitadora o inhibidora del potencial eléctrico generado por un transmisor, depende de los iones específicos que se mueven y de la dirección de su movimiento, en una red sumamente complicada aún para los expertos del tema y que esta siendo sometida a rigurosa investigación.

Neuropéptidos

La lista de los neurotransmisores es encabezado por  los neuropéptidos, cadenas de aminoácidos (entre 2 y 39) que se localizan en el interior de las neuronas. Las que  concitan mayor interés son las encefalinas y las endorfinas.

Son compuestos endógenos del cerebro que presentan una similitud sorprendente con la morfina, el narcótico derivado del opio. Experimentos recientes sugieren que los variados procedimientos empleados para tratar el dolor crónico -acupuntura, estimulación eléctrica, hipnosis- ejercen su acción permitiendo la liberación de encefalinas o endorfinas en el cerebro y la médula espinal, las cuales regulan el aporte al cerebro de información acerca de los estímulos dolorosos.

La administración de cantidades diminutas de un neuropéptido puede desencadenar un patrón de comportamiento complejo pero altamente específico. Por ejemplo, la inyección intracerebral de algunos nanogramos de angiotensina II, provoca en los animales una acción de beber intensa y prolongada.

Otro péptido, el factor liberador de hormona luteinizante, induce una conducta sexual femenina característica cuando se inyecta en el cerebro de una rata hembra.   

En realidad son mensajeros químicos de características diferentes a los de los neurotransmisores antes mencionados, ya que representan un medio global para codificar químicamente pa
trones de actividad cerebral asociados con funciones determinadas, como pueden ser el equilibrio hídrico del cuerpo, la conducta sexual y el dolor o el placer.

Para complicar más aún este tema, ha sido muy impactante comprobar que algunos péptidos que en un principio se encontraron en el tracto gastrointestinal tales como la gastrina, la substancia P, el polipéptido intestinal vasoactivo (VIP) y la colecistoquinina (estimula a la vesícula biliar), también se hallan en el sistema nervioso central.

A la inversa: algunos péptidos hallados en el cerebro, se han descubierto más tarde en el intestino, como la hormona del crecimiento y las encefalinas.

Aparentemente los  neuropéptidos desempeñan una multiplicidad de papeles, actuando como hormonas locales o transmisores en el tracto gastrointestinal y como transmisores globales en el cerebro. Esto confirma el oportunismo y la plasticidad del proceso evolutivo: una molécula que desempeña cierta función, puede ser adaptada para desempeñar otra muy distinta en un lugar y un tiempo diferentes.

Ante este descubrimiento, cuyos alcances recién se están investigando a nivel molecular, el objetivo no tan lejano de la ciencia médica es lograr estimular el poder curativo de la mente.

En este aspecto se ha revalorado la presencia del factor religioso, el optimismo de los pacientes e incluso otras vertientes como la acupuntura y la medicina folklórica donde curanderos de remotas localidades actúan como verdaderos psicoterapeutas.

 

 

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