Verdades y mentiras del alcohol

Posted on mayo 9, 2009. Filed under: Bebidas, Tragos | Etiquetas: |

Desde hace más de tres mil años,  en que el hombre aprendió a fermentar granos y jugos para obtener licores, los bebedores empedernidos han buscado mil barajos para justificar su adicción a empinar el codo, con más mentiras que verdades, pero que lo creen a ciegas para tomar una copa más.

El  consumo moderado del alcohol es  reconocido como un factor de integración social y favorecedor de la convivencia porque reduce la tensión, desinhibe y provoca sensaciones de bienestar en los llamados  bebedores “normales” que disfrutan y aprecian diferentes calidades de bebidas.

Lamentablemente, muchos de los bebedores terminan  alcohólicos, aunque se nieguen a reconocerlo, con lo que el consumo inmoderado afecta no solo su salud sino también sus relaciones interpersonales, causa principal de la ruptura familiar.

La primera mentira del alcohólico es que se considera solo “bebedor social” y que puede dejar el vicio “cuando quiera”. El problema es que, según su etílico entender, nunca quiere dejar el trago.

Alcohol y sexo

Las bebidas alcohólicas se consideran por muchas personas como un poderoso estimulante y/o excitante sexual, pero en los trabajos de investigación llevados a cabo se ha constatado que, tanto en hombres como en mujeres, su consumo excesivo produce efectos negativos.

Las primeras copas desinhiben facilitando el coloquio amoroso pero en los hombres, dosis incluso inferiores a las que se establecen como limite legal para determinar si la persona esta o no embriagada (0.08 %) producen efectos de supresión de la erección.

En las mujeres, incluso ingerido con moderación, dificulta la respuesta orgásmica.

Como ya señalaba Shakespeare ” provoca el deseo pero frustra la ejecución”

Se ha confirmado que alcohol es un potente depresor del sistema nervioso, de forma que sus efectos son claramente apreciables tras la ingestión aunque solo sea de dos o tres copas.

No obstante muchas personas consideran que el alcohol es estimulante, o al menos así lo perciben, y que aumenta su capacidad para la respuesta sexual, debido a su efecto desinhibidor.

Como depresor central disminuye el funcionamiento de niveles superiores del cerebro, lo que permite una mayor autonomía de centros inferiores, (zonas más antiguas del cerebro), entre ellos los implicados en las respuestas emocionales. De esta forma las emociones se amplifican funcionalmente al disminuir el “filtro” o “mecanismo controlador” que supone la actuación de segmentos superiores cerebrales.

Doble efecto

En consecuencia el alcohol puede alterar los comportamientos convencionales y hacer a la persona más relajada al permitirle perder el control sobre algunas de sus emociones y desinhibir conductas que ha aprendido a controlar en situaciones sociales.

De esta forma puede facilitar la aparición del impulso sexual, pero dado que también inhibe partes del SNA (Sistema Nervioso Autónomo), implicadas en la respuesta de erección, dificulta el que esta pueda llevarse a cabo y en consecuencia dificulta la penetración y el coito.

El problema es que la mayoría oculta estos efectos o cree que es transitorio, con lo que lan situación puede agravarse con el tiempo.

Impotencia

Si por los efectos fisiológicos del alcohol se produce algún deterioro, aunque sea esporádico, en el funcionamiento sexual, como un falta de erección o una flacidez tal que dificulte la penetración, es posible que esta situación sea vivida como un fracaso por el hombre que la padece y comience a desarrollarse sentimientos de ansiedad asociados a la situación de interacción sexual.

En ocasiones posteriores estos sentimientos de ansiedad dificultaron nuevamente la respuesta de excitación sexual, en concreto la respuesta de erección, pudiendo establecerse de esta manera un círculo vicioso que lleve al desarrollo permanente una disfunción en el hombre.

Así, en contactos sexuales posteriores el hombre se preocupará por si tendrá o no una erección adecuada. El miedo debido a que en la ultima o ultimas ocasiones no haya conseguido una buena erección dificultará el que esta se de, lo que a su vez generará mayor ansiedad y miedo al fracaso cara a posteriores contactos. Cuando este circulo vicioso aparece, es difícil romperlo.

Por otro lado, el consumo continuado de cantidades de alcohol elevadas puede producir trastornos endocrinos, neurológicos y vasculares irreversibles, que reduzcan de forma permanente la respuesta sexual.

Los afectados generalmente guardan silencio, no acuden al médico y tratan de “olvidar”, consumiendo más alcohol, con lo que agravan sus males.

Los mitos más comunes

Existe la creencia de que no se debe mezclar cerveza, vino y licor porque aumenta su efecto embriagador. Lo cierto es que no se trata de trago “largo” o “corto” sino de la cantidad de alcohol en la sangre.

Comer antes de beber para embriagarse menos es una verdad a medias pero que, si el consumo es excesivo, sirve de poco. La comida ingerida retarda los efectos pero no tiene una protección segura. Lo cierto es que beber sin haber ingerido alimento es el camino más rápido a la borrachera porque nuestro organismo absorbe rápidamente el alcohol.

Hacer ejercicio

Es preferible hacer ejercicio cuando se ingiere bebidas  debido a que se estimula  el corazón, la sangre y se orina  más, una de las vías de expulsión del alcohol.

Sin embargo, realizar ejercicios “para que pase la borrachera”, no es una buena medida porque la metabolización del alcohol demora por lo menos dos horas.

Otras creencias

Con la goma de mascar se produce saliva que ralentiza o hace más lento el proceso que permite que el alcohol pase a los pulmones, pero en una cantidad tan mínima que no altera en nada la medición del alcoholímetro.

Ingerir aceite retarda la absorción del alcohol en el sistema gastrointestinal  pero de ninguna manera  altera la medición que se hace de los pulmones que expelen los vapores del trago. En todo caso, el ebrio solo sufrirá los efectos laxantes a las pocas horas.

Cuando se vomita solo se consigue eliminar el alcohol del estómago pero no del que se encuentra en la sangre. De nada sirve beber agua, comer hierba on dentífficos.

¿Sabías que…?

El consumo excesivo de alcohol en las mujeres, puede exponerlas a algún tipo de abuso o agresión, ya que la alteración de conducta y pensamiento, no permite razonar correctamente o usar mecanismos de defensa apropiado.

Existen
reportes escritos del uso de cerveza, vinos y otras bebidas alcohólicas que datan desde 3000 años antes de Cristo. Pero el proceso de destilación aplicado a las bebidas fermentadas se remonta alrededor del año 800 después de Cristo.

El alcohol es una de las drogas que por su fácil acceso y poderosa propaganda que recibe, se ha convertido en un verdadero problema social en casi todos los países y en todas las edades a partir de la adolescencia.

Mucha gente piense que mientras no se convierta en alcohólico típico, las consecuencias de beber frecuentemente y en altas dosis no son tan alarmantes. Pero los estragos del alcohol pueden ser graves y muchos de ellos irreversibles.

La Organización Mundial de la Salud, OMS define el alcoholismo como la ingestión diaria de alcohol superior a 50 gramos en la mujer y 70 gramos en el hombre (una copa de licor o un combinado tiene aproximadamente 40 gramos de alcohol, un cuarto de litro de vino 30 gramos y un cuarto de litro de cerveza 15 gramos).

El alcoholismo parece ser producido por la combinación de diversos factores fisiológicos, psicológicos y genéticos. Se caracteriza por una dependencia emocional y a veces orgánica del alcohol, y produce un daño cerebral progresivo y finalmente la muerte.

El alcoholismo ha pasado a ser definido recientemente, y quizá de forma más acertada, como una enfermedad compleja en sí, con todas sus consecuencias. Se desarrolla a lo largo de años. Los primeros síntomas, muy sutiles, incluyen la preocupación por la disponibilidad de alcohol, lo que influye poderosamente en la elección por parte del enfermo de sus amistades o actividades.

Aunque el consumo moderado del alcohol parece reducir el riesgo de los ataques cardíacos al mejorar los niveles de colesterol, dosis más grandes de alcohol pueden desencadenar latidos del corazón irregulares y aumentar la presión arterial hasta en personas sin una historia de cardiopatía.

El alcohol quizás no cause cáncer, pero probablemente puede realzar los efectos carcinogénicos de otras sustancias, como el humo de cigarrillos. Cerca de 75% de cánceres del esófago y 50% de cánceres de la boca, la garganta y la laringe se atribuyen al alcoholismo.

El alcoholismo también se asocia con un mayor riesgo para los cánceres colorrectales. El tabaquismo combinado con el beber realza los riesgos para todos estos cánceres extraordinariamente.

El riesgo para el cáncer hepático aumenta en los alcohólicos y hasta el beber moderadamente -tres a nueve bebidas a la semana- puede aumentar las perspectivas del desarrollo del cáncer de mama en las mujeres.

El uso habitual del alcohol deprime el sistema nervioso central, produciendo depresión clínica, confusión y, en los casos graves, psicosis y trastornos mentales.

El hígado en particular es puesto en peligro por el alcohol. Aquí, el alcohol se convierte en una sustancia aún más tóxica, acetaldehído, que puede causar daño sustancial, incluyendo cirrosis en 10% de personas con alcoholismo.

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